La ciudad, macilenta e infectada,
no era más que un reflejo de aquella pesadilla que se materializaba
constantemente, que se negaba a desvanecerse. Y había un llanto mudo, perpetrado
por unos ojos que no se atrevían a humedecerse, por unos labios que,
indiferentes al dolor ajeno, cometían la insensatez de entreabrirse en momentos
en los que el silencio quería llevar la voz cantante. Ella sabía que no y, no
obstante, allí estaba la convicción de que quizás sí. Ese ínfimo margen de duda
se expandía hasta abarcarlo todo, influyendo de manera irreversible todas y
cada una de las decisiones que tomaba. Así, la posibilidad acabó asesinando lo
que una convicción amarga podría haber salvado.
viernes, 27 de junio de 2014
jueves, 29 de mayo de 2014
.
Ni lágrimas ni aire, el aire había faltado de golpe, desde el fondo del cráneo una
ola le había tapado los ojos, ya no tenía cuerpo, lo último había sido el dolor una y otra
vez y entonces en mitad del alarido el aire había faltado de golpe, expirado sin volver a
entrar, sustituido por el velo rojo como párpados de sangre, un silencio pegajoso, algo
que duraba sin ser, algo que era de otro modo donde todo seguía estando pero de otro
modo, más acá de los sentidos y del recuerdo.
Pero
ahora la oscuridad se cernía como las hojas caducas se abalanzan sobre el
asfalto. Y no recuerdo cuántos terrones de azúcar acabaron en tu café, del
mismo modo que se ha borrado el número de veces que te quedaste absorta en tus
pensamientos sin rumbo, sin timón y sin viento favorable. Porque yo te
contemplaba en primer plano, me empapaba de tu cromatismo al desnudo, de la
naturalidad que cada poro de tu piel destapada supuraba. Yo te admiraba
embobado como un ingenuo que disfruta del arte desde la ignorancia; sin
conceptos claros que abrigar bajo el puente del paladar, pero con la
incuestionable certeza de que nada me pareciera más absurdo que no desearte.
Entonces tú me miraste, al fin, de frente. Torciste el gesto y me confesaste
que hacía tiempo que ya no sentías el frío en los huesos, que la vida (tu
propia vida) ya no era algo sobre lo que podías conversar sin sentir el peso
insoportable de la indiferencia. Y por un instante enrojecí, porque mis
palabras, como las del visitante de museo desinformado, acometían contra el
muro de la incertidumbre con la que toda falta de pericia termina por toparse.
El silencio te golpeó de costado. Recurrí a darle un trago a mi café, por ver
si la respuesta se encontraba en el fondo de la taza, junto al azúcar sobrante.
—Salgamos,
he de regresar —repusiste.
Fue
entonces, al abofetearme el aire de la ciudad despierta, cuando creí haber
encontrado algo que pudiera tomarse la licencia de asesinar el vacío que entre
nosotros se había abierto. Pero ahora la oscuridad se cernía como un manto de
tela opaco. Y nosotros deambulábamos a tientas como desconocidos que solo
comparten la acera que pisan. A tientas por la ciudad sin carteles, sin calles
y sin salida.
viernes, 23 de mayo de 2014
.
Y
en verdad creo que eran las horas lo que me amargaban. Las horas tras el
despertar y no otras, aquellas que todavía se debatían entre lo que comienza a
ser y lo que todavía permanece en el sueño, pensamientos esclavos de la
inconsciencia. Era en tu pecho, sobre tu esternón de piedra, donde fui mártir
de tu ausencia.
Dis moi si tu aimes biens bien nos paresses et nos matins d'amoureux.
jueves, 1 de mayo de 2014
(Never) Let me go
Estoy
sufriendo un preludio, algo que ni siquiera ha ocurrido todavía y que, sin
embargo, es tan real como el ahora que aquí nos sostiene. Una anticipación al
dolor, algo que no ha llegado a materializarse pero que quema la carne. Alguien
dijo alguna vez que es mejor morir en la cumbre a bajar por la ladera dando
tumbos. Ahora estoy sobre el peñasco y quiero llorar por aquellas lágrimas que
no tienen razón alguna para ser derramadas. Lágrimas injustificadas que
anuncian que la euforia se amarga siempre al mirar hacia delante. Y tú te vas,
te vas y vuelves. Estás aquí, a mi lado y, aun así, ya te has ido.
miércoles, 9 de abril de 2014
Durch Berlin fließt immer noch die Spree
Between the death of the one and the birth of the other, much water will flow by, a long night of chaos and desolation will pass.
En su terca obsesión por protegerse,
le imaginaba imperfecto y anónimo, como una partitura incompleta o un lienzo
sin firma. Si hay que amarle, que sea alguien sin rostro, alguien cuyas
facciones se desdibujen con el paso del tiempo.
Ideaba justificaciones una detrás de otra. Se convencía a sí misma de
que su constante deseo se alimentaba de cada uno de aquellos triviales gestos;
de las cosas diarias y absurdas que él perpetraba cada día. Aquello no
significaba, sin embargo, que buscase una lógica sana, un motivo racional por
el que perder el apetito. Al menor titubeo, allí crecía la incertidumbre como
la ortiga en el campo, desencadenando un mar de interrogaciones que terminaba
sumiéndola en la desesperación. Y así continuaba cada día, agazapada en la
trinchera de un amor que nunca llegó a consumarse, tierra de nadie, yerma y sucia.
martes, 25 de marzo de 2014
Decay
Y ya no deseaba sino quedarse crucificada a la tierra, sufriendo y gozando en su carne el ir y venir de lejanas, muy lejanas mareas;
Y
es precisamente allí, en la orilla húmeda, con los pies hundidos en el fango,
la piel aterida de frío y los sentidos amordazados por el cambio de estación,
donde escucha croar el envejecimiento de su propio cuerpo. Ya no son sus manos
las que ayer sostuvieron las de aquel que le robaba el sueño. Se le agrietan las cutículas, se le doblegan
las falanges como alambres maleables, se tiñe el cabello de sus sienes de un
gris lápida. Quizás sean esas manos desgastadas, abrumadas por el decaer de un
ser vivo, las que escribirán las últimas líneas de su propia elegía. Porque las
lamentaciones hacia terceros siempre sonaron insulsas y falsas. No hay nadie
que lamente más la muerte que el propio fallecido. En el paso angosto del
bosque, observa los guijarros del camino y los maldice en silencio. Quién fuera piedra, impertérrita y ajena al inexorable
paso del tiempo.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Pero cierra las puertas de tu rostro
The castle wall has grown so tall
it seems there ain't no hope at all
to reach the top even though you stop
for breathin'
But I ain't gonna try to make you cry
the tear drops couldn't find your eyes
It's all been swell, Miss Carousel,
but the time has come for leavin'
Vamos
a huir a sitios vírgenes, sitios que no estén manchados por el recuerdo, por si
algún día fueron el escenario de algo que desearíamos que nunca hubiese
ocurrido, algo que se coló por el infortunio de una casualidad detrás de otra.
Y qué desgracia esta del azar, que nos obliga a vivir para luego
descomponernos. La acidez de unas palabras que apenas materializaron lo que
había enterrado. Que no se pudran ellas, en el silencio de una noche húmeda,
bajo tanto abono y tanto miedo de salir a la luz. Que no se ahoguen, que no eche
raíz la incertidumbre, que todo lo desgarra. No cavemos nuestra propia tumba bajo un epitafio borroso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


















