viernes, 21 de septiembre de 2012

Three summer days




Me miró de soslayo, torciendo el gesto mientras giraba sobre sus pequeñas bailarinas de charol. Esperaba mi aprobación, pero yo me tragué las palabras y le di otro sorbo al vaso de cristal. Afuera el otoño arrastraba la hojarasca de la acera, llevándose el polvo de un verano donde no hubo más que sudor de trabajo en las viñas, bajo un ardiente sol que tostó nuestras pieles sin contemplación. Y una bolsa de plástico bailaba avenida abajo, mientras ella trastabillaba como una peonza recién lanzada por la alfombra del salón. Llegó un momento en el que el encaje blanco no era más que espuma de mar, porque mis ojos no terminaban de acostumbrarse a la velocidad del cambio. Me acordé de lo bonitas que eran las cúpulas en Viena, de los balcones con tiestos sin flores y de aquel zumo de uvas que nunca llegó a fermentar. Se acercó un poco más y me susurró algo al oído:
─Si no sales conmigo afuera, el cielo besará la tierra sin que nosotros podamos verlo.
Y así fue como las nubes escucharon las palabras de Cecilia y empezó a llover de repente. Al principio despacio, un repiqueteo intermitente que tan solo acariciaba la hierba, pero al rato cayó una tromba con la fuerza de una cascada. Tuve miedo de que nos perforara la piel, pero ella quería ir a por las uvas. Porque si las uvas se echaban a perder, ¿qué sentido tenía todo aquello? 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Mondnacht







Al recibirte me topo con un aliento a vid podrida, ojos de ciénaga y labios agrietados por el frío invierno de mi ausencia. Y comimos pasteles de bizcocho y champán en Cron und Lanz, como preludio de una despedida que siempre está en el borde del paladar. Abusamos de los clásicos bajo la sombra del olmo, porque era así como queríamos escaparnos de la realidad de las fábricas que humean en la gran ciudad.   

Es war, als hätt der Himmel
Die Erde still geküßt,
Daß sie im Blütenschimmer
Von ihm nun träumen müßt.

martes, 31 de julio de 2012

Although our love is waning, let us stand






Cómo tomar unas palabras que se evaporan nada más salir del paladar. Que se precipitaron al vacío en un tiempo que pareció eterno y que aún pesa en la memoria, aunque de manera liviana.  La declaración despojada de convencionalismos que elaboraste hace años ahora no es más que paja seca y rastrojos que pueden ser quemados con el aire de agosto. Porque si pesas en la conciencia, no es más que de manera remota. Si te alías con el sexo opuesto, no eres más que uno de aquellos que quisieron experimentar, que no supieron cómo salir de la cuenta atrás. Y te arrastras así, porque todos necesitamos oír vocales de labios ajenos a lo cotidiano. Porque crees que no hay línea entre lo que es y lo que no, entre lo que se juzga y se entiende.
Y ahora el sentimiento pasado es artificial y desdeñable, como toda la alegría que ya no se respira y que parece no tener fuerza, como el lenguaje cosido que utilizan los amantes en todo el mundo. Lloraría por la decadencia de un estatus, que a una siempre la lacera, ya que caer de semejante altura nunca es fácil. Pero así rehúyo de ti, me libro de lo que te debía. Porque, a fin de cuentas, cuando el rechazo es mutuo, se liberan las ataduras. Con las venas vacías ya no hay sangre con la que firmar. Porque amar nos retrae del mundo, nos lo sirve como una tragicomedia donde la desgracia ajena no es más que un tortuoso giro que preludia la risa y el aplauso de un público irascible y desinteresado. 


And I'm Laura now, and Laura still. And you did always say that one day I would suffer.



Me marcho a Alemania un mes, pero sacaré tiempo para continuar escribiendo. Lo más seguro es que lo haga en mi otro blog: http://poppiesinjune.blogspot.com/. Lo tengo algo abandonado, así que estaría bien darle un poco de vida de nuevo. 

viernes, 6 de julio de 2012

You won’t be able to go to the Lighthouse



Cuando el sueño calma la sed de ti, cuando recorre fronteras y te hace real, breve y sólido. Cuando dejo escapar aire dulce y pesado, irisado como la superficie de la rugosa perla. Lloverá, citaste, no podréis ir al faro. Hacía tiempo de tormenta, llovía la tierra y absorbía el cielo. Tu cuerpo húmedo y tus ojos extraños, vestidos de tiempo y con olor a barro. Caminamos por la orilla pedregosa de un puerto sin nombre, nos mojamos la piel con el salitre de las olas y laceraron los guijarros nuestros tobillos desnudos. ¿Sabe el invierno que no nos acordamos de él? Y, si lo sabe, ¿sabe lo infieles que le somos con el viento del Mediterráneo? Pienso que no te has ido. Que solo te has cambiado de sitio temporalmente para no regresar. Y pierdo la cordura, te busco en las letras mal trazadas que dejaste en una hoja de papel arrugada, en un bote de champú que todavía desprende cierto olor o en una fotografía mal enfocada. Pero no es hasta que el sueño llega, cuando te materializas ante mí y me brindas unos segundos de océano infinito. Y regresamos a aquella costa de tómbolo diminuto, donde nadie se atreve a juzgar si es sueño o realidad. 

miércoles, 20 de junio de 2012

Hyazinthe



A veces las lágrimas acudían al auxilio de un papel que yo no quería interpretar. Y comenzaba con pequeños espasmos regulares, un preludio de llanto algo torpe y humano, que enredaba la realidad como una madeja roja de lana. La noche era fresca y azul y la ventana estaba vacía como una tabla de granito. Me pareció inútil que mis lágrimas supiesen a sal, porque deberían haber sido dulces como el praliné, ya que a nadie le amarga un dulce. Y pensé en toda aquella gente que ya había escuchado antes esa canción y que ya había leído esas mismas líneas. Pensé que habría estado bien hablar con todos ellos, porque había gente fantástica ahí fuera, solo que se escondían tras obras de arte donde había cabida para todos ellos. Porque estaban ahí, respirando, y tenían nombres y vidas que les pertenecían, pero pocas veces me paraba a pensar en ellos. 

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Para todos aquellos atraídos por el mundo de la traducción y de los idiomas, acabo de abrir un blog relacionado con ambos temas: 



¡Os deseo un feliz comienzo del verano!

jueves, 7 de junio de 2012

Eterno regreso



No recuerdo si te he olvidado o si me he olvidado de recordarte. Me reciben las horas de verano, con sudor rancio y domingos que no son domingos. La realidad pesa sobre mis pestañas, que como alas de colibrí entrechocan; aletean bajo la terca humedad, repetidas veces, por si eres tú la figura que deambula a lo lejos. Eres un lipograma sin vocales, que me traba la lengua y me obliga a fingir que no es en ti en quien pienso, sino en la prima de riesgo o en asuntos que pasan de boca en boca y han acabado por perder sabor. Y hay un eterno regreso a los campos en flor sin polen, a las aguas del lago sin guijarros en el fondo, a las noches sin farolillos en el callejón sin nombre. Porque ahora que ya no hay una continuidad, ahora que todo está fragmentado en el hoy y en el mañana, nada va a sacarnos de este desencanto.  

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He estado ocupada gracias a los exámenes, pero ahora que solo me quedan dos (los más flojos, de hecho) tengo en mente algunos proyectos para este verano. Con un poco de suerte los llevaré a cabo y podré ir desvelándolos a lo largo del mes. 
Aquí el calor ya comienza a pegarse a la ropa, algo que detesto. Los mosquitos ya empiezan a hacer bacanales por la noche y tengo la piel llena de picaduras. 

martes, 8 de mayo de 2012

Mayo de compota





No alcanzo la ciruela del árbol, la que más alta se encuentra y su pulpa más podrida se halla. Las lluvias de abril la tocan primero, la bendicen bajo la atenta mirada que mana del torcido y viejo ciruelo. No se moja la tierra, empero, sino que apenas enmudece cuando la fría resina sale a su encuentro. Y las nubes, como monstruos de papel y hielo, se deshacen entre los entresijos de mis dedos. Ya no hay orquídeas que deshojar en la explanada del descuidado jardín, ni hormigas locas que hasta en sueños vi. No se esfuerzan los pájaros por agradar a su fiel audiencia, ni que decir tiene que el arte se halla en decadencia. La pruna que ella mastica se convierte en piel rota entre los dientes y zumo de fruta marchita. Y él, algo ajeno y contrariado, observa cómo el reguero mancha la comisura de su labio.  El ridículo encuentro entre los dos se ha vuelto insípido y circular, nada en esta húmeda estación parece cambiar. 


So on a summer's day,
Waves collect, overbalance,
And fall;
Collect and fall;
And the whole world seems to be saying
"That is all"

Recomendaciones de la semana:
  • Libro: Is that a fish in your ear?, de David Bellos.
  • Película: Mi vida sin mí, de Isabel Coixet.
  • Música: October trees, de Ron Pope.